La última entrevista internacional a Stroessner antes del golpe

A días de haberse conmemorado otro aniversario más del golpe de Estado en 1989 a una de las dictaduras más largas de Latinoamérica, he encontrado una entrevista interesante donde se ve a un Stroessner convencido de un sistema contradictorio pero efectivo para sus planes aunque se iba cayendo sin que, aparentemente, se dé cuenta.
En ese momento el periodista que lo entrevistó fue el español Tico Medina, enviado especial del diario ABC de Madrid. Esta entrevista fue publicada después del golpe de Estado a Stroessner, este diario le dio un destaque muy especial a este hecho, poniendo al Paraguay en el concierto internacional después de años de aislamiento y abandono por parte de varios países.

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Stroessner en sus últimos años

Aquí va in extenso, la entrevista:
El Palacio de López es un bello edificio gris, que en su día fue levantado para residencia del mariscal Solano, presidente de la República. Mármoles, espejos, bronces, altas columnatas. Parece de plata, junto al río Paraguay, a estas horas de la mañana. El presidente me ha citado a las diez. Es día de audiencias. Vamos a ver qué pasa. Stroessner, como todo el mundo sabe, lleva más de treinta años en el poder. En las últimas elecciones, que según la oposición habría que discutirlo, Stroessner – un paraguayo de origen alemán – ganó por un amplio margen de votos. Su partido, el Colorado, ocupa todas las áreas de poder. Como militar, su Ejército, sus generales, sus altos jefes, están situados en la cúpula del Estado. Han cruzado la frontera de los ochenta años, y en muchos sectores de la vida nacional, sobre todo en la internacional, es llamado el dictador Stroessner, y cosas aún mucho más duras. He pedido verle. He entregado, como se dice habitualmente con los jefes de Estado, un cuestionario, a través de su subsecretario de Información y Cultura, Juan José Benítez Rickman, que estudió en España y vivió entre nosotros mientras cursó su carrera de periodista. El día está fresco, en lo que cabe, y hoy también va a recibir, creo, al nuevo embajador suizo, que va a presentarle cartas credenciales. La cita es a la diez de la mañana. Me han dicho que el presidente, que no vive en el palacio, sino en una residencia cercanas a las Embajadas de España y Colombia, donde estuvo durante meses el capitán Ortigosa (sic) como exiliado político, es muy puntual, uno de sus hábitos germánicos, y no hay que olvidar su apellido. Sin embargo, media hora antes de lo previsto, un edecán, impecable, llega presuroso hasta el despacho donde espero.
“No le dé la mano”
El señor presidente le espera. Ha querido saludarle antes de que empiece la presentación de las cartas credenciales.
Stroessner es más alto de lo que parece en las fotografías. Sus ojos, un poco cansados, son sin embargo muy alemanes. Sonríe. No me extiende la mano. Quiza por eso me han dicho unos segundos antes, cuando atravesaba la linde del despacho presidencial:
-Por favor, no le dé la mano a su excelencia.
Como el Franco de los últimos años. Me lo recordará mucho, y más aún porque me lo irá recordando con vehemencia a lo largo de la entrevista. Hay un ramo de rosas rojas sobre la mesa, pero, sobre todo, hay mucha luz, cámaras de televisión, fotógrafos y una larga y elegante hilera de generales y edecanes, esperando mi llegada. Jamás me había pasado nada igual, y eso que uno ha hecho ya guardia en muchas garitas presidenciales a lo largo de más de treinta años de oficio periodístico.
Arcos y flechas
¿Cómo está usted?
Me saluda y me va presentando a todos y cada uno de los ayudantes de campo. El de Marina, el de Tierra, el de Aire, el de día, su primer secretario. Se vuelve a mí y me dice sonriendo:
Como usted observará Medina, aquí no hay ninguno que tenga arcos ni flechas.
Luego, caminando hasta la gran mesa del despacho, en la que se sentará de espaldas al gran ventanal que da al río, me confesará:
-Todos son leales. No hay ninguno que sea “falluto”. ¿Se dice falluto en español?
Traidor más bien, general.
Pero ninguno me será traidor. Muchas gracias, señores – dice dirigiéndose a ellos.
Todos saludan militarmente, con un leve taconazo sobre las alfombras, y se van en silencio. La bandera paraguaya a su lado. Un libro del doctor Puigvert, el último sobre la mesa. La mesa es del estilo imperial, de madera brillante, con trabajos dorados. La alfombra es roja. El general va vestido de azul, sin estridencias, corbata colorada como el partido que lidera, la brillante insignia de su país en la solapa, el rostro muy pecoso, el cabello teñido, a la alemana; la punta del pañuelo blanco asomándole por el bolsillo superior. En cualquier caso, es un militar vestido de paisano. Un paisaje de Itaipú – la gran obra del régimen – cuelga de la pared.
Experiencia y sabiduría
Le pregunto si hay algo que se gana con los años.
Experiencia y sabiduría – me contestará.
¿Quién es de verdad usted, general Stroessner?
Un paraguayo comprometido con su pueblo hasta las últimas consecuencias, como lo ha demostrado a lo largo de su existencia.
Sé que le gustan – me lo confesará – la lectura, el deporte y la pesca. Me han dicho que ha sido de joven muy enamoradizo, y que ahora incluso se coloca una vieja boina y se hace a la calle en la noche desde la altura de sus años para dar un paseo sentimental. Sospecho que es la leyenda. Su esposa mantiene una discretísima actitud en la vida oficial, siempre en un segundo plano. Le he preguntado si conoce España.
Tuve la satisfacción de conocerla con ocasión de mi visita oficial por invitación de mi gran amigo el Generalísimo Franco – así me dice textualmente – del cual guardo, además de perdurables recuerdos, la más alta ponderación.
Me hablará de la guerra civil española, del alcázar de Toledo, del general Yagüe. Se la sabe perfectamente, y, sobre todo, me hablará de Franco, mucho, con respeto, admiración. Yo recuerdo lo que un día, hace muchos años, me dijo el Negus de Etiopia, siendo emperador en Addis Abeba, sentado en el trono de oro del León de Judea.
Si tiene usted posibilidad de hablar con Franco, dígale que le sigo desde que era teniente.
“Simbiosis de dos razas”
Me habla del Paraguay: “Somos un pueblo de gente laboriosa, simbiosis de dos razas, patriota, hospitalaria, muy nacionalista e irreductiblemente amante de nuestra libertad”. Cuando quiero saber si, aún su apellido, hay mucha raíz española en el Paraguay, me dirá: “Desde luego, ya que el pueblo paraguayo es el resultado del maridaje de dos razas hidalgas, la guaraní autóctona y la española. De esta simbiosis ha surgido el hombre paraguayo, singular trilogía humana que ha realizado una de las historias más relevantes de América del Sur”. Preguntas y respuestas, de protocolo, de choque, necesarias para iniciar una entrevista.
General – siempre le dije general a lo largo de la entrevista – se está hablando mucho del narcotráfico en su país.
-Le diré que casi no hay país en el mundo por donde no incursionen los prisioneros del comercio maldito. Aquí en el Paraguay enfrentamos a los narcotraficantes con todo el rigor de nuestras leyes y jamás permitiremos que actúen impunemente.
-¿Es cierto que en su día pidió asilo político en este país el general Noriega?
-No es cierto.
Me habla de sus relaciones con los países que le rodean, y yo quiero saber cómo son las que mantiene con los Estados Unidos.
-Con toda la normalidad.
-¿Y con la Iglesia Católica?
-De la misma manera.
-¿Es cierto que hay españoles huidos de la Justicia Española en Paraguay?
-Que le responda eso la Justicia Española.
Las diez en punto. Le avisan que es la hora de las credenciales. Se levanta con un leve gesto de disgusto. Me dice que le acompañe para recibir los papeles del embajador suizo a la sala presidencial y que vuelva a estar con él más tarde, así que tendré tiempo para ver la sencilla ceremonia y tomar una breve y riquísima tacita de cocido, especie de té blanco muy tradicional. Cuando vuelvo dice a alguno de sus ministros que se marche, con elegancia pero con energía a la vez.
Cansancio de poder
-General, ¿no cansa el poder?
-Cuando se está al servicio de la patria y del pueblo, y este pueblo acompaña fervorosamente nuestras gestiones, antes que el cansancio hay renovadas energías para seguir trabajando por el bien público.
-¿Cuántos presos políticos hay en Paraguay?
-En la República del Paraguay no hay un solo preso político. Lo que ocurre es que un sector altamente radicalizado de la minoría opositora otorga rango de políticos inclusive a los delincuentes comunes.
A mi pregunta de cómo va a pagar la deuda económica Paraguay al exterior, el presidente Stroessner responderá que “cada país debe hacerlo conforme a sus propias posibilidades de Estado”. Y que “Paraguay lo está haciendo regularmente”.
Palabra de Stroessner. Aún en la despedida, entre un revuelo de edecanes asombrados de la duración de la entrevista – el general recibe periodistas muy escasamente y menos en dos partes, algo que demuestra claramente, pienso, su interés por su imagen en España -–, le escucho decir, luego que me desea un buen viaje:
-Parece de buena madera.
De encina y olivo, ciprés y álamo, señor presidente. No lo sabe usted bien…
Punto final
El general Rodríguez no estaba allí ese día, pero uno de los generales le ha traicionado. Precisamente el que tenía más cerca y el más fuerte: el también todopoderoso general Rodríguez, el segundo. Siempre la historia, y más la de América, tiene la última palabra. Exhumo con la urgencia de la actualidad de esta crónica, hasta ahora no publicada, que puede ser la última o la penúltima de las entrevistas de un hombre no dado a conceder entrevistas, habitualmente. Y lo hago mientras vuelo de Puerto Rico a México. Lástima que un general le suceda a otro general, aunque nunca será como Stroessner. Paraguay merece lo mejor: ¡Suerte, Paraguay!

 

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Andrés Rodríguez, el consuegro de Stroessner que le hizo el golpe de Estado y fue presidente hasta 1993.

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